miércoles, 15 de diciembre de 2010

Entendiendo correctamente el perdón


El perdón no es olvidar, porque uno nunca olvida lo que ha sucedido, ni tampoco significa "bajar la cabeza" y seguir siendo humillado. Tampoco perdonar es decir ya pasó, que ya está, ni minimizar las cosas, ¡no! Perdón es renunciar al derecho de venganza que teníamos por justicia, por lo que se nos hizo, y pasar esa venganza a manos de Dios. Dios dice: "Mía es la venganza". Somos el especial tesoro de Él, y quien toca a sus hijos, toca a Dios mismo. Perdón es dar y otorgar a Dios ese derecho a venganza. El perdón no implica minimizar el hecho sucedido, y decir: "Bueno, no es nada lo que me hiciste", y tampoco ver al ofensor como a una buena persona. ¡Imaginate decirle a un padre violador: "No pasó nada", "Te veo como una buena persona!" ¡NO! Al contrario, perdón es poder decir: "Me dañaste, me lastimaste, no has sido una buena persona" lo que significa reconocer el mal hecho, pero renunciar al mismo tiempo al derecho de venganza y reclamo. Muchas personas han vivido situaciones difíciles de humillación, abandono, abuso, violencia... Todas estas experiencias desembocan en un mismo mar: el dolor. Cuando sufrimos, una herida comienza a formarse. Esa herida a su vez, nos produce sentimientos como broncas, resentimientos, miedos, dolor. Esas emociones nos bloquean, nos impiden el crecimiento, y terminan convirtiéndose en piedras que hay que sacar del camino. Al perdón lo defino como un acto milagroso, un acto divino, sobrenatural, que podemos hacer los seres humanos. Es identificarnos con la naturaleza de Dios que hay en nosotros porque Dios es perdón y es amor. Durante años se veía al que perdonaba como alguien débil, pobre, sensible, un resignado a quién lo único que le quedaba era "olvidar" y seguir adelante, pero nada más lejos de la verdad. En la Biblia todos los hombres y mujeres que perdonaron eran hombres fuertes, valientes porque, para ejercer perdón, se necesita fuerza de voluntad, de carácter y de espíritu. El perdón es una señal de madurez psicológica y espiritual. El perdón es un costo que pagamos para obtener paz interior. El perdón es una decisión concreta ya que mediante una decisión personal "soltamos" las emociones de ira, miedo, venganza, etc., hacia el ofensor. Cuando esas emociones son soltadas, en ese momento Dios puede comenzar a sanar la herida. Muchas veces perdonamos, pero el dolor sigue y no es porque no hemos perdonado. Es porque la cicatrización de la herida, en algunas personas, lleva tiempo, pero el perdón está realizado. He visto gente que cree que porque les sigue doliendo lo que les hicieron o les dijeron, no han perdonado sinceramente. Pero el perdón está concretado cuando decidimos perdonar de corazón. Es decir, cuando perdonamos nos desprendemos del derecho a la venganza que teníamos por lo que se nos hizo. Pasarán años, culturas, edades, circunstancias pero el perdón siempre será el arma divina de los seres humanos para ser sanos. Ya el famoso psicólogo Piaget decía que el perdón es un acto propio de personas maduras e introdujo al mismo como un elemento terapéutico dentro de la psicología. En acto de perdonar, no sólo suceden cosas a nivel del alma, de lo emocional sino también de lo espiritual dado que el perdón nos coloca por encima de la autoridad de nuestro ofensor. Colocándonos sobre él, nos ponemos a un nivel espiritual más alto. Por eso es que la Biblia, nos enseña a bendecir a quienes nos maldicen. Cuando maldigo al que maldice lo que hago es ponerme en mismo nivel espiritual y de esta forma me convierto en esclavo del ofensor, pero cuando lo bendigo me elevo y tengo autoridad sobre él, y ¡nada me puede tocar porque mi posición es estar arriba de mi ofensor! El perdón, es un tipo de bendición, de "bien decir" ya que cuando perdonamos soltamos la fuerza interior de nuestro espíritu, y mostramos lo que hay dentro de nosotros. Leí en una oportunidad que en la Alemania dividida, la parte oriental le hechó a la occidental toneladas de basura en su sector, mostrando así su odio, su amargura y descontento por sus camaradas. A la otra semana, la parte occidental llenó varios camiones de sábanas, frazadas, alimentos y los mandó a Alemania oriental, la parte resentida, con un cartel que decía: "Cada uno da de lo que tiene adentro". Por lo tanto perdonar es decir: "Me has hecho mal, pero yo renuncio al derecho de venganza y a devolverte el mal que me hiciste. Así te suelto de mi vida y te bendigo". El ofensor nos venció una vez cuando nos lastimó... pero nosotros lo venceremos con el perdón.

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